El proyecto de doble vía que busca mejorar la conectividad entre Freire, Villarrica y Pucón, en la Región de La Araucanía, quedó oficialmente en manos del próximo gobierno, luego de que el Ministerio de Obras Públicas (MOP) confirmara que la iniciativa aún se encuentra en etapa de definición técnica, física y financiera.
Se trata de una de las rutas más relevantes del sur de Chile, no solo por su alto flujo vehicular permanente, sino también por su rol estratégico en el turismo de la zona lacustre, uno de los principales polos económicos de La Araucanía. Cada verano —y cada fin de semana largo— esta carretera se convierte en un cuello de botella que evidencia las limitaciones de una infraestructura pensada para una realidad que hoy ya quedó atrás.
Una ruta que refleja el crecimiento de la zona lacustre
El tramo Freire–Villarrica–Pucón conecta directamente el eje de la Ruta 5 Sur con uno de los destinos turísticos más visitados del país. En temporada alta, el flujo de vehículos aumenta de forma exponencial, mezclando residentes, transporte de carga, buses interurbanos y turistas, lo que genera extensas filas, accidentes y tiempos de viaje que superan con creces lo razonable.
Durante años, alcaldes, gremios turísticos y vecinos han coincidido en un diagnóstico común: la ruta quedó chica. Sin embargo, el consenso se diluye cuando aparece la pregunta clave: cómo financiar la obra y bajo qué condiciones.
Doble vía: beneficios claros, costos discutidos
Desde el punto de vista técnico, la doble vía permitiría:
- Reducir los tiempos de traslado
- Disminuir los accidentes de tránsito
- Mejorar la conectividad productiva y turística
- Dar mayor fluidez al transporte regional
No obstante, el modelo propuesto por el MOP contempla la posibilidad de una concesión con peaje, lo que ha generado resistencia en parte importante de la comunidad local, especialmente entre quienes utilizan la ruta a diario por motivos laborales, educacionales o de salud.
Vecinos de Villarrica, Pucón, Freire y Curarrehue han manifestado que una obra pensada para absorber el flujo turístico no debería terminar siendo pagada principalmente por los residentes, reabriendo un debate profundo sobre equidad territorial y acceso a infraestructura en el sur del país.
Consultas ciudadanas y una decisión postergada
Cabe recordar que este proyecto ya fue sometido anteriormente a una consulta ciudadana, la cual no logró respaldo mayoritario, precisamente por las inquietudes asociadas a peajes, expropiaciones y eventuales impactos urbanos y ambientales.
Pese a ello, el MOP confirmó que entre el 18 y 20 de febrero de 2026 se realizará una nueva consulta ciudadana, con el objetivo de recoger la opinión de las comunidades involucradas y redefinir el rumbo del proyecto.
Aun así, el escenario es claro: la licitación no se realizará durante la actual administración, quedando la decisión final —y política— en manos del próximo gobierno, que deberá optar entre avanzar, modificar el diseño o replantear completamente la iniciativa.
Infraestructura, turismo y calidad de vida: el dilema del sur
Más allá de la carretera en sí, la doble vía Freire–Villarrica–Pucón pone sobre la mesa una discusión que se repite en distintas zonas del sur de Chile: cómo compatibilizar crecimiento, turismo e infraestructura con la calidad de vida de quienes habitan estos territorios todo el año.
La zona lacustre ha experimentado un crecimiento sostenido en población, inversiones inmobiliarias y llegada de visitantes. Sin embargo, ese desarrollo no siempre ha ido acompañado de una planificación vial acorde, generando tensiones que se agudizan cada verano.
Para algunos, la doble vía es una urgencia impostergable. Para otros, es una obra necesaria, pero que requiere un enfoque distinto, más participativo y sensible a la realidad local.
Un proyecto que marcará el futuro de la región
El futuro de la doble vía dependerá ahora de dos factores clave:
1️⃣ La decisión que adopte el próximo gobierno respecto al modelo de financiamiento.
2️⃣ El resultado de la nueva consulta ciudadana y la presión territorial que pueda generarse.
Lo que está en juego no es solo una carretera, sino el modelo de desarrollo de la zona lacustre, su relación con el turismo y la forma en que el Estado responde a las demandas de conectividad del sur de Chile.


