Sur de Chile — enero de 2026 –
En medio de una de las temporadas más intensas de incendios forestales que ha enfrentado el sur del país, pilotos aéreos de helicópteros y aviones especializados han desempeñado un rol clave de apoyo y coordinación desde el cielo, arriesgando sus vidas en cada maniobra para contener el avance del fuego que amenaza a comunidades, bosques y ecosistemas del sur de Chile.
Aunque la primera línea del combate son los brigadistas y bomberos que enfrentan las llamas en tierra, estos pilotos conforman un segundo frente esencial: desde el aire, realizan descargas de agua y retardantes, evalúan el comportamiento del fuego, transportan brigadas a zonas aisladas y colaboran en la evacuación de personas.
“El fuego es impredecible. Desde el aire lo ves moverse rápido, cambiar de dirección por el viento. Cada descarga debe ser exacta. No hay margen para errores”, cuenta un piloto de helicóptero que ha operado en la Región del Biobío durante los últimos días.
En muchos casos, los vuelos se realizan en condiciones extremas: humo denso, ráfagas de viento, turbulencias térmicas y visibilidad limitada. Además, los pilotos deben mantener coordinación constante con equipos en tierra para evitar accidentes y maximizar la efectividad de cada descarga.
Diversas aeronaves, una misma misión
La flota aérea actual incluye helicópteros ligeros y pesados, así como aviones especializados como los Air Tractor AT‑802 y Boeing 737 Fireliner, todos operados por pilotos altamente entrenados, tanto civiles como militares. Algunos trabajan para instituciones públicas como CONAF o la Fuerza Aérea, y otros forman parte de brigadas aéreas privadas que han sido clave en esta emergencia.
Entre esas compañías destaca Helilog, empresa nacional con experiencia en operaciones complejas, que actualmente se encuentra desplegada en varias regiones del sur apoyando con helicópteros multipropósito. Sus equipos han trabajado en conjunto con brigadas terrestres y autoridades para ejecutar descargas rápidas y transporte de personal a zonas críticas, contribuyendo de forma directa al control de focos activos.
Cada tipo de aeronave cumple una función distinta, pero todos los pilotos enfrentan desafíos similares: largas jornadas, presión constante, riesgo elevado y un objetivo común: proteger vidas y detener el fuego.
“Cuando estás en la cabina y ves que una comunidad está en peligro, no lo piensas dos veces. Haces tu trabajo con el corazón”, comenta otro piloto, que ha volado en Ñuble, La Araucanía y Los Ríos en lo que va de enero.
A medida que el fuego avanza, la labor de estos profesionales no solo es operativa, sino también emocionalmente exigente. Deben tomar decisiones en segundos, volar con alta precisión y, muchas veces, regresar a la base sabiendo que aún queda mucho por hacer.

